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Empieza la mudanza

Dejamos el anterior local para cambiarnos a un pabellón como Dios manda: doble piso, espacio para 8 coches, baño con ducha, habitaciones, 3 neveras…

Era un cambio necesario desde hacía un tiempo, el otro local era diáfano y era imposible separar la zona de ocio del taller de una manera clara.

Todavía estamos en la fase de trasladar trastos y organizar el nuevo espacio y estaremos de vuelta a las andadas muy pronto.

«No te das cuenta de la mierda que acumulas hasta que te toca hacer tropecientos viajes con la Jumpy de un local al otro.» – Diogo Silva

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Keep it cutre

Teníamos un equipo de sonido de Logitech que desmonté de mi ordenador ya que normalmente uso cascos cuando lo uso. Para poder usar los móviles con Bluetooth usé un circuito que convertía el sonido de Bluetooth a un Jack. Un problema que tiene este circuito es que fue un proyecto electrónico que hice hace más de 5 años y la placa en su día me costó menos de 2€, así que la antena estaba oxidada (era inalámbrico pero el móvil no se podía alejar mucho o se cortaba) y no se llevaba nada bien con cambiar de móvil emparejado. 

Nos regalaron dos altavoces Pioneer de 3 vías cada uno que habían sido desmontados de un equipo de música de alta fidelidad de hace unos 20 años, así que fui al local de mi padre a coger un amplificador Pioneer de la misma época. Le puse un “descodificador” bluetooth más avanzado, ya no es un circuito suelto sin carcasa puesto con bridas como teníamos antes. Ahora admite conectar varios móviles, tiene buen alcance y el sonido es digno de un CD. 

Ya sea sentado en los sofás o en la otra punta del garaje la música se oye de maravilla, sobre todo cuando estás en el sofá, ya que los altavoces están mirando directamente a la cara cuando estás sentado. La experiencia es parecida a oír música con auriculares, solo que con la ventaja que los demás también pueden oír la música. 

Siguiendo la idea del cómico-filósofo Ignatius Farray, Keep it cutre. Un equipo de alta fidelidad que seguramente costó comprarlo mitad del sueldo en su época que ha terminado en un garaje conectado a móviles por bluetooth para oír música en Spotify. ¿Suena bien? De lujo. ¿Puede sonar mejor? Por supuesto, pero no voy a traer el tocadiscos. ¿Voy a hacer que suene mejor? Lo justo. Pondré aislantes acústicos para matar la reverberación, más bonitos encima de los sofás y más baratos para la puerta de chapa.  

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Dolores de cabeza y electricidad

Dos meses ha estado parada la Vespa por un mal arreglo del dueño anterior. Dos meses sin mi tartaleta. Dos meses de querer tirarla por la ventana del garaje o de regalarla a alguien que me caiga mal.

Sin mayor motivo un día al ir a dar una vuelta nos dimos cuenta (antes de ir a la calle, por supuesto) que la Vespa no tenía la luz encendida. Me dio por probar rápidamente y nada eléctrico estaba funcionando, solamente la chispa de la bujía, ni siquiera la bobina ni la luz de freno.

Con el motor arrancado pero sin corriente…

El primer diagnóstico fue rápido: el regulador de tensión se había quemado. Compré otro y se lo puse, aunque seguía sin luces. Solté el ventilador y con un extractor llegué al estátor Ducati de esta Vespa. Para mi sorpresa una de las bobinas se había quemado, así que también la compré y metí nueva. Ahora que la parte de generar y regular la tensión estaba bien debería volver a la vida la luz, ¿verdad? Qué va.

Imprimí el esquema eléctrico, cogí mi multímetro de combate y me puse a verificar la instalación. Aparentemente todo estaba correcto y había tensión en cada pulsador e interruptor. Después de muchos dolores de cabeza tuve una casualidad importante, que fue un señor que colecciona Vespas antiguas y vino a hablar conmigo. Le comenté el problema que tenía con ella y me dijo “las 200 de estos años tenían un problema de masa. La gente solía hacer unas chapuzas en la caja de conexiones. Mira ahí que seguro que te encuentras alguna sorpresa.”. Y efectivamente, había tomate en la caja de conexiones. Dos cables con bastante cinta aislante, la cual quité, saneé la zona y al volver a arrancar ya tenía vida la Vespa.

Descubierto el culpable.

Conclusión: Si algo falla en la Vespa, mira donde menos te lo esperas que ahí es donde se esconde la sorpresa.

El cacharro una vez arreglado