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Dolores de cabeza y electricidad

Dos meses ha estado parada la Vespa por un mal arreglo del dueño anterior. Dos meses sin mi tartaleta. Dos meses de querer tirarla por la ventana del garaje o de regalarla a alguien que me caiga mal.

Sin mayor motivo un día al ir a dar una vuelta nos dimos cuenta (antes de ir a la calle, por supuesto) que la Vespa no tenía la luz encendida. Me dio por probar rápidamente y nada eléctrico estaba funcionando, solamente la chispa de la bujía, ni siquiera la bobina ni la luz de freno.

Con el motor arrancado pero sin corriente…

El primer diagnóstico fue rápido: el regulador de tensión se había quemado. Compré otro y se lo puse, aunque seguía sin luces. Solté el ventilador y con un extractor llegué al estátor Ducati de esta Vespa. Para mi sorpresa una de las bobinas se había quemado, así que también la compré y metí nueva. Ahora que la parte de generar y regular la tensión estaba bien debería volver a la vida la luz, ¿verdad? Qué va.

Imprimí el esquema eléctrico, cogí mi multímetro de combate y me puse a verificar la instalación. Aparentemente todo estaba correcto y había tensión en cada pulsador e interruptor. Después de muchos dolores de cabeza tuve una casualidad importante, que fue un señor que colecciona Vespas antiguas y vino a hablar conmigo. Le comenté el problema que tenía con ella y me dijo “las 200 de estos años tenían un problema de masa. La gente solía hacer unas chapuzas en la caja de conexiones. Mira ahí que seguro que te encuentras alguna sorpresa.”. Y efectivamente, había tomate en la caja de conexiones. Dos cables con bastante cinta aislante, la cual quité, saneé la zona y al volver a arrancar ya tenía vida la Vespa.

Descubierto el culpable.

Conclusión: Si algo falla en la Vespa, mira donde menos te lo esperas que ahí es donde se esconde la sorpresa.

El cacharro una vez arreglado